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Desde la mirilla a la vista panorámica de las profundidades submarinas

© akg-images / US NAVY /SCIENCE PHOTO LIBRARY

Para el hombre, la observación de los lugares más profundos del océano solo es posible a través de la ventana de un submarino; cuanto más grande sea esta, más se puede apreciar. PLEXIGLAS® hace del océano una magnífica vista panorámica.

Pero ¿cuál es la motivación del hombre para sumergirse más allá de lo que le permiten sus pulmones? ¿Qué es lo que le fascina de este entorno hostil a la vida? La respuesta es simple: la curiosidad. Esta es uno de los motores más fuertes del ser humano. Esto se debe a que la región del cerebro que es estimulada mediante la adquisición de nuevos conocimientos está directamente ligada a la liberación de la hormona de la felicidad, la dopamina. Una relación que constituye un factor fundamental para la evolución del ser humano, así como también para el desarrollo del submarino.

Alejandro Magno, el primer investigador marino

Se cree que Alejandro Magno (356-323 a. C.) ya había escudriñado el fondo marino con la ayuda de una campana de buceo de cristal. Ya en 1515 Leonardo da Vinci construyó (sobre el papel) un submarino, así como también un traje de buceo. El primer sumergible en condiciones de navegar fue fabricado por David Bushnell en el año 1776. Bautizado como «Turtle» (tortuga), era impulsado mediante fuerza humana. Desde mediados del siglo XIX fueron principalmente las ambiciones militares las que permitieron el avance en el desarrollo de los submarinos. Las primeras inmersiones en las profundidades marinas con fines de investigación con un submarino (la batisfera, una bola de acero con ojos de buey) no se realizaron hasta 1930.

Con PLEXIGLAS® a la caza de un récord mundial

El primer submarino fue un modelo muy similar que, dotado de dos pequeños ojos de buey de PLEXIGLAS®, el cristal acrílico de marca de Röhm (por aquel entonces aún Röhm & Haas), realizó un viaje submarino. El «Trieste» se fijó en 1960 la ambiciosa meta de investigar el lugar más profundo de los océanos: el fondo de la Fosa de las Marianas. El investigador suizo Jacques Piccard construyó el sumergible, hasta la fecha único en su clase, con el que junto con el oficial de marina estadounidense Don Walsh logró alcanzar una profundidad de casi 11.000 metros. Un resultado pionero, que tan solo ha sido repetido por una única persona: el director de cine James Cameron, quien en 2012 descendió con un submarino mucho más moderno hasta el punto más profundo del océano.

Récord mundial de profundidad

El "Trieste" fue botado en agosto de 1953 en Italia y estaba acoplado directamente a su embarcación nodriza. Fue utilizado durante distintos viajes de investigación del fondo marino y operaciones de rastreo de submarinos. Hoy se encuentra en el United States Navy Museum en Washington, D. C.

© Evonik Industries AG, Konzernarchiv Hanau

Investigación bajo presión

A 11 kilómetros de profundidad existe una presión superior a los 1.000 bar. Esta es tan fuerte que consiguió comprimir el diámetro de la esfera de acero macizo del "Trieste" en 3,7 mm.

© Evonik Industries AG, Konzernarchiv Hanau

La investigación en el punto de mira

Con el «Trieste» se lograron obtener las primeras impresiones de las profundidades marinas, casi como a través del ojo de una cerradura, puesto que la tecnología de aquel entonces no permitía ventanas de mayor tamaño. No obstante, como el objetivo de las inmersiones es la observación del mar, los desarrolladores han hecho todo lo posible por construir submarinos con ventanas cada vez más grandes.

De esta forma, una iniciativa privada de constructores austriacos diseñó en 1986/87 el «Austria 1». Este contaba con una cúpula de observación y una ventanilla mucho más grande: ambas fabricadas con el cristal acrílico de marca. «PLEXIGLAS® era ya por aquel entonces el material ideal para la fabricación de submarinos, pues ofrecía a los pasajeros una visión de las profundidades marinas libre de distorsiones ópticas y, a pesar de las diferencias de temperatura entre el interior y el exterior, los cristales no se empañaban. Al mismo tiempo, una ventana de PLEXIGLAS® es extremadamente segura, ya que resiste las toneladas de presión bajo el agua y cuenta con reservas de seguridad adicionales contra la fuerza de aplastamiento», explica Wolfgang Stuber, especialista para acristalamientos especiales de la empresa PLEXIGLAS®.

Austria se sumerge

El "Austria 1" fue un proyecto conjunto privado de fabricantes de barcos austriacos, construido en 1986/87.

© Evonik Industries AG, Konzernarchiv Hanau

Vista sin distorsiones

El "Austria 1" estaba dotado en su proa de un cristal de PLEXIGLAS® colado incoloro, que tenía un grosor de 125 mm.

© Evonik Industries AG, Konzernarchiv Hanau

Submarino de fabricación propia

Donde hay un deseo hay un camino: los buzos Breinig y Herrmann construyeron las dos cúpulas de observación de PLEXIGLAS® y el submarino "Nemo 100" completamente por cuenta propia.

© Evonik Industries AG, Konzernarchiv Hanau

A la caza de un pez primitivo

El sumergible «JAGO» fue construido en 1989 por el Instituto Max-Planck de Fisiología del comportamiento, con el objetivo de buscar a una profundidad de 400 metros celacantos, una especie considerada como un fósil viviente. Este sumergible ofreció por primera vez, gracias a una cúpula de observación de PLEXIGLAS® GS 222, una visión más amplia del mundo submarino a grandes profundidades. El cristal acrílico de marca especial fue elaborado específicamente para cumplir las exigencias y soportar en particular la alta presión bajo el agua, que ya a 400 metros de profundidad para este submarino puede llegar a las 3.600 toneladas. PLEXIGLAS® GS 222 fue examinado por Germanischer Lloyd, una especie de inspección técnica para el sector náutico, obteniendo la certificación gracias a la alta calidad del material. Con la ayuda del «JAGO» se logró efectivamente dar con estos peces extremadamente raros.

El "JAGO" fue utilizado también para investigar el excepcional ecosistema frente a las costas de Noruega.

Quelle: YouTube/The Future Ocean

Profundidades marinas en HD gracias a PLEXIGLAS®

Otro hito en la historia de los submarinos fue el «LULA 1000«. El sumergible fue construido en 2011 por encargo de la Fundación Rebikoff-Niggeler, con el objetivo de partir a la búsqueda del calamar de aguas profundas. El «LULA 1000» ofrece espacio para tres tripulantes y está dotado de una cúpula de observación de PLEXIGLAS® con un diámetro de 1,40 metros. «Para fabricar una ventana abombada de este tamaño tuvimos que desarrollar en primer lugar un bloque de PLEXIGLAS® que tuviera un espesor suficiente para resistir la presión bajo el agua; para ello se necesitaron 17 centímetros», recuerda Stuber. «Después de fundir uno de estos bloques, se le confiere la forma de semiesfera a una temperatura superior a los 150 grados Celsius y bajo una gran presión».

El resultado es una ventana casi semicircular, que ofrece un ángulo de visión de 150 grados hacia el exterior y que bajo el agua es prácticamente invisible. Así, gracias a PLEXIGLAS®, se lograron realizar por primera vez grabaciones de las profundidades marinas en alta resolución, que reproducen el mundo submarino sin ningún tipo de distorsión a través de los ojos de buey.

Inmersión en el mundo de los calamares gigantes

© Dave Mothershaw / Röhm GmbH

El «LULA 1000» tiene una longitud de 7,50 metros y una altura de 2,65 metros. Está dotado de dos cúpulas de observación: la grande se encuentra por debajo de la proa y la pequeña (con un diámetro de 61 cm) cumple la función de escotilla. Con este submarino los investigadores pueden partir a la búsqueda del legendario calamar gigante durante un lapso de cinco horas, antes de tener que volver a cargar los motores eléctricos.

Satisfacción total

Partiendo de una semiesfera, el paso siguiente para fabricar una esfera completa no queda demasiado lejos, considerando que se cuenta con el pegamento adecuado para unir las dos mitades. No obstante, para no poner en riesgo la vista libre de distorsiones, el pegamento debe contar, al igual que el PLEXIGLAS®, con una elevada transmisión lumínica y al mismo tiempo poder soportar la enorme presión que ejerce el agua. «Un pegamento que solo se adhiera con firmeza a las superficies que han de ser unidas claramente no basta para cumplir con estos requisitos», explica Stuber. «Por ello nos vimos obligados a inventar algo que consiguiera unir de forma inseparable e invisible ambas semiesferas, casi como una soldadura en frío».

Un hito para el desarrollo

Gracias a este pegamento especial Röhm consiguió, junto con la empresa estadounidense Triton Submarines LLC y el socio de procesado Heinz Fritz Kunststoffverarbeitung GmbH, un nuevo hito en la historia del desarrollo de ventanas para submarinos: una cabina de PLEXIGLAS® completamente esférica, compuesta por dos mitades pegadas.

La esfera del submarino «Triton 3300/3″ es tan grande que dentro de ella hay suficiente espacio para tres personas. Gracias a la visión panorámica cristalina, el galardonado documentalista y naturalista Sir David Attenborough logró documentar de forma impresionante el alarmante estado de la Gran Barrera de Coral. Por otro lado, un submarino con una visión panorámica no es solo interesante desde el punto de vista científico, sino que ha pasado a constituir cada vez más un símbolo de estatus para personas extremadamente ricas.

La esfera como símbolo de un nuevo mundo

Con el «Triton 3300/3″, hace ya tiempo que el desarrollo de los acristalamientos para submarinos dejó de tener límites. «Actualmente los fabricantes están trabajando en sumergibles para cruceros, en los que pueda entrar cómodamente hasta un total de siete personas», detalla Stuber en relación a los proyectos futuros. Una vez dominados los retos de conferir la forma y unir las distintas partes, el único objetivo restante es aumentar cada vez más el tamaño de la cabina de PLEXIGLAS® para pasajeros. «Sin embargo, mi sueño personal es un hotel submarino, para el que ya existen los primeros planes», comenta Stuber desde la ventana con la mirada absorta en el horizonte.

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